Tendemos a creer que dependemos de otros para ser alguien. Creemos que separados de eso que nos hace sentir especiales, de aquello que nos complementa, no somos nada.
Pareciéramos ser tan débiles que a falta de esa persona que se queda al lado nuestro recordándonos lo bueno que ve en nosotros, no sabríamos diferenciar entre nuestras propias virtudes y defectos.
Estamos seguros de que sin el amor de tal amante no existiríamos, vivimos con miedo a que las consecuencias de un emprendimiento no resulten ser lo que esperábamos, ya que, afirmamos, todo perdería sentido. Creemos que la vida carecería de significado si nos viésemos despojados de las cosas que hacen a nuestra cotidianeidad…
La realidad es que no.
El mundo sigue después de haber perdido o de habernos vistos obligados a dejar de lado hasta lo más cercano a nosotros, ya sean personas, objetos o hasta sentimientos; el mundo sigue mientras lloramos y nos lamentamos.
Ningún fracaso ni ninguna perdida acaban con la destrucción de todo nuestro universo y de todo lo que nos rodea; cuando eso sucede por primera vez logramos ver más allá… Por primera vez nos percatamos de que el mundo no se detiene, sigue teniendo sentido después de que, lo que considerábamos atroz, ocurre.
Lo peor, lo mejor, lo soportable, lo intolerable, la infelicidad, la felicidad, todo pasa a ser relativo.
Perdemos algo, pero estamos vivos, respiramos y miramos a nuestro alrededor. Todo sigue intacto.
Por la ventana, los autos siguen andando y en la televisión, los programas de chimentos aún encuentran excusas ridículas para seguir en el aire.
Terminamos dándonos cuenta de que no somos tan dependientes como creemos, quizás no tan débiles. Que los sentimientos no son tan fuertes como pensamos, o que quizás si lo son, y ese vacío y esa falta de significado en algún lado de nosotros se encuentran, pero tenemos la capacidad de ocultarlo y disfrazarlo para poder seguir adelante. El mundo sigue girando muy a pesar de tu angustia, te levantas y te quedas, o te rendís y te bajas.
Así termina volviéndose el hombre que decidió quedarse; perseverante, firme, fuerte (más de lo que cree). Se cae y se vuelve a levantar, una y mil veces.
Y nuestro mundo gira y vamos soportando a lo largo de nuestras vidas perdidas, ausencias, abandonos y fracasos, y estamos cada vez más exentos, con cada golpe nos volvemos un poco más inmunes al dolor. Y dejamos una cosa, y tomamos otra, y al fin me doy cuenta que tal vez no es amar en si, sino la necesidad de hacerlo, y que quizás no importe lo que perdamos mientras encontremos un reemplazo que nuevamente cubra ese anhelo de querer y ser queridos.
-Gracias amto por el texto ^_^
Pareciéramos ser tan débiles que a falta de esa persona que se queda al lado nuestro recordándonos lo bueno que ve en nosotros, no sabríamos diferenciar entre nuestras propias virtudes y defectos.
Estamos seguros de que sin el amor de tal amante no existiríamos, vivimos con miedo a que las consecuencias de un emprendimiento no resulten ser lo que esperábamos, ya que, afirmamos, todo perdería sentido. Creemos que la vida carecería de significado si nos viésemos despojados de las cosas que hacen a nuestra cotidianeidad…
La realidad es que no.
El mundo sigue después de haber perdido o de habernos vistos obligados a dejar de lado hasta lo más cercano a nosotros, ya sean personas, objetos o hasta sentimientos; el mundo sigue mientras lloramos y nos lamentamos.
Ningún fracaso ni ninguna perdida acaban con la destrucción de todo nuestro universo y de todo lo que nos rodea; cuando eso sucede por primera vez logramos ver más allá… Por primera vez nos percatamos de que el mundo no se detiene, sigue teniendo sentido después de que, lo que considerábamos atroz, ocurre.
Lo peor, lo mejor, lo soportable, lo intolerable, la infelicidad, la felicidad, todo pasa a ser relativo.
Perdemos algo, pero estamos vivos, respiramos y miramos a nuestro alrededor. Todo sigue intacto.
Por la ventana, los autos siguen andando y en la televisión, los programas de chimentos aún encuentran excusas ridículas para seguir en el aire.
Terminamos dándonos cuenta de que no somos tan dependientes como creemos, quizás no tan débiles. Que los sentimientos no son tan fuertes como pensamos, o que quizás si lo son, y ese vacío y esa falta de significado en algún lado de nosotros se encuentran, pero tenemos la capacidad de ocultarlo y disfrazarlo para poder seguir adelante. El mundo sigue girando muy a pesar de tu angustia, te levantas y te quedas, o te rendís y te bajas.
Así termina volviéndose el hombre que decidió quedarse; perseverante, firme, fuerte (más de lo que cree). Se cae y se vuelve a levantar, una y mil veces.
Y nuestro mundo gira y vamos soportando a lo largo de nuestras vidas perdidas, ausencias, abandonos y fracasos, y estamos cada vez más exentos, con cada golpe nos volvemos un poco más inmunes al dolor. Y dejamos una cosa, y tomamos otra, y al fin me doy cuenta que tal vez no es amar en si, sino la necesidad de hacerlo, y que quizás no importe lo que perdamos mientras encontremos un reemplazo que nuevamente cubra ese anhelo de querer y ser queridos.
-Gracias amto por el texto ^_^














